El carboncillo es, sin duda, la técnica con la que más cómoda me siento. Me encanta porque me siento muy creativa, la rapidez con la que se consiguen resultados, la facilidad para modificar los trazos y la expresividad que se logra solo con luces y sombras.
Con el carbón puedo dar forma a cualquier idea sin necesidad de color, jugando únicamente con los contrastes. Me sigue sorprendiendo cómo, con algo tan sencillo, se pueden crear efectos de volumen, profundidad e incluso texturas. Es una técnica con la que desconecto, sin buscar la perfección y en mi tiempo libre me sirve de terapia.

